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Publicado por el 26 Enero, 2017 en Conocimiento

Columna: El milenio del espacio digital

Columna: El milenio del espacio digital

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Por Mariana Calvo. La inmediatez, el anonimato, la masividad y la accesibilidad de aparatos como celulares, tabletas o computadoras, permite a las y los adolescentes costarricenses dar diferentes usos a las Tecnologías Digitales, hoy quiero contrastar dos de estos usos y las opciones para intervenir.

Según el III Reporte País de Desarrollo del Milenio (2015) “una tecnología que casi ha alcanzado la universalización en Costa Rica es la telefonía, mientras que en el 2000, de cada 100 viviendas, 59 poseían teléfono, en 2014 la cifra era de 98. Gran parte de este avance se logró gracias al desarrollo de la telefonía móvil. Evidencia de ello es que, en 2014, 94% de las viviendas tenían al menos un teléfono móvil, mientras que en 2000, la cifra sólo alcanzaba 13%”. Evidentemente muchos costarricenses tenemos acceso al uso de telefonía móvil, incluidos los y las adolescentes.

Los y las jóvenes costarricenses pasan la mayor parte de sus días dentro de centros educativos, y los celulares se incorporan dentro de la cotidianidad estudiantil. Indagando un poco en los datos del Departamento de Análisis Estadístico del Ministerio de Educación Pública (MEP), en el 2015 hubo un total de 20.374 casos de agresión entre estudiantes reportados; tipificados en: verbal, física, escritas, robos, destrucción de materiales y otros.

Si segregamos la información de estas instituciones por tipo de agresión se puede observar que son más frecuentes las agresiones verbales y escritas, y es justamente en las categorías de “escritas y otros” donde podemos presumir la presencia de algún tipo de tecnología y manifestación de violencia. Así las posibilidades de realizar una agresión a través de espacios digitales a sus semejantes han aumentado y el daño es más “duradero” debido a la huella digital.

Como sociedad estamos obligados y obligadas a analizar la agresión como un fenómeno sociocultural que ha pasado del ámbito físico a los espacios digitales, y a las plataformas de interacción entre los jóvenes y la comunidad virtual. El consumo de contenidos de los y las usuarias determinan en gran medida el uso que ellas y ellos les dan; la violencia virtual es un tipo de mercancía de consumo para cierta población, lo que genera el acto violento y la divulgación en redes virtuales, hechos que atentan contra la dignidad de algunas personas.

¿Qué hacemos?, procesos como Historias Digitales del proyecto Generación 3.0 desarrollado entre Fundación Telefónica y Cooperativa Sulá Batsú sreúnen un conjunto de buenas prácticas para trabajar, con la población joven y más tecnológica del país, el tema de usos seguros, respetosos e inteligentes de las Tecnologías Digitales. Es importante señalar los límites, las buenas opciones y las no tan buenas que ahora tenemos a nuestra disposición;  y sobre todo es necesario invertir en la formación de líderes y lideresas jóvenes para que reproduzcan estas actitudes, detengan el consumo de violencia y promuevan la producción de nuevo y más rico contenido.